Prinseneiland, junto con Bickerseiland y Realeneiland, forma parte de las islas occidentales de Ámsterdam. Es un rincón muy poco conocido por los turistas, pero uno de los más auténticos y tranquilos de la ciudad. Antiguamente fue una zona portuaria llena de almacenes de mercancías, astilleros y barcos que llegaban desde las colonias. Hoy, muchos de esos antiguos depósitos se han convertido en viviendas y estudios de artistas, pero se ha conservado su esencia: puentes de madera, muelles silenciosos, adoquines gastados y canales donde apenas pasan barcos turísticos. Es uno de los mejores lugares para sentir el Ámsterdam “secreto”: sin tiendas de souvenirs, sin multitudes, solo casas históricas, gatos durmiendo al sol, ropa tendida en las ventanas y vecinos saludándose como si fuera un pequeño pueblo dentro de la ciudad.